UNA AMENAZA INVISIBLE
Ameba comecerebros: una infectóloga recordó un antecedente en Formosa
La muerte de un niño de 10 años en Catamarca por una infección causada por la llamada ameba “comecerebros” volvió a poner en discusión los riesgos asociados a determinadas aguas dulces cálidas. En diálogo con "La Otra Mirada" de FM Espacios 92.5, la médica infectóloga y pediatra Alejandra Bontcheff explicó que se trata de una enfermedad extremadamente infrecuente, pero de evolución grave, y recordó que Formosa también registró un antecedente pediátrico.
El caso de Catamarca fue confirmado por el Laboratorio Nacional de Referencia ANLIS-Malbrán mediante una prueba de PCR realizada sobre una muestra de líquido cefalorraquídeo. El menor había estado internado en el Hospital Interzonal de Niños Eva Perón y el diagnóstico fue meningoencefalitis amebiana primaria, provocada por Naegleria fowleri. Las autoridades sanitarias investigan dónde se produjo la exposición y tomaron muestras de agua y superficies. Aunque se evaluó una posible relación con las Termas de Fiambalá, hasta la información difundida no se había confirmado que el contagio ocurriera allí.
“Es un caso extremadamente infrecuente”, advirtió Bontcheff al explicar que el microorganismo vive libremente en el ambiente y puede encontrarse en aguas dulces templadas o cálidas. La infección se produce cuando el agua contaminada ingresa por las fosas nasales y el parásito llega al sistema nervioso central a través del nervio olfatorio. La especialista aclaró que no se contrae por tragar agua ni por el simple contacto con la piel, y que tampoco se transmite de persona a persona.
El antecedente registrado en Formosa
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue el recuerdo de un caso ocurrido en Formosa hace aproximadamente 13 años. Según relató la infectóloga, se trató de un paciente pediátrico inmunocomprometido que se bañaba en aguas estancadas, en pequeños esteros que alcanzaban temperaturas elevadas durante el verano. El niño también presentaba una lesión nasal y desarrolló una meningitis asociada a la ameba, por lo que debió ser derivado al Hospital Garrahan.
De acuerdo con Bontcheff, sobrevivió, pero quedó con secuelas. El antecedente fue mencionado por la médica durante la entrevista, aunque no se aportaron otros datos clínicos del paciente.
La especialista también se refirió al río Paraguay y a los espacios naturales utilizados para bañarse en la provincia. Si bien reconoció que el movimiento del agua constituye una diferencia respecto de los ambientes estancados, advirtió que los ríos y las lagunas no cuentan con los mismos controles que una pileta tratada. Por eso, recomendó evitar sumergir la cabeza en aguas naturales cálidas, especialmente en lugares cuyo estado sanitario se desconoce.
Cuáles son los síntomas y cuándo consultar
Los primeros síntomas pueden aparecer, en promedio, alrededor de los siete días posteriores a la exposición, aunque el período puede extenderse hasta los 12 días. Entre las señales de alarma, Bontcheff mencionó dolor de cabeza intenso, fiebre elevada, rigidez o dolor de nuca, sensibilidad a la luz y vómitos. Ante estos síntomas después de haberse bañado en aguas no controladas, indicó que es fundamental acudir de inmediato a un servicio de salud.
La infectóloga explicó que existen tratamientos antiparasitarios, pero que la evolución de la enfermedad es compleja. La infección provoca una inflamación intensa del sistema nervioso central y el daño puede ser grave, incluso cuando se inicia un tratamiento. Por eso, insistió en la importancia de reconocer los síntomas y consultar sin demora.
Qué precauciones tomar en piletas y termas
Bontcheff diferenció las aguas naturales de las piletas que cuentan con mantenimiento adecuado. En estas últimas, el control del cloro, el pH, los productos utilizados y los sistemas de filtrado y circulación contribuye a reducir los riesgos sanitarios. En cambio, en esteros, lagunas y otros ambientes sin controles suficientes, aconsejó no sumergir la cabeza ni permitir que el agua ingrese por la nariz.
También recomendó ducharse después de ingresar a las termas y respetar las medidas de seguridad de cada establecimiento. La médica aclaró que la presencia de esta ameba no debe llevar a generalizar el riesgo a todos los espacios acuáticos: se trata de una infección excepcional, pero cuyo antecedente en Formosa refuerza la importancia de la prevención, la vigilancia sanitaria y la consulta médica oportuna.