OPINIÓN
La matemática de la improvisación
Hay que reconocerlo: organizar un festival de Matemática sin planificación también requiere talento.
Diez días de anticipación, docentes corriendo, directivos preguntando qué hay que hacer, contraórdenes a último momento, actividades que no fueron trabajadas en las aulas y alumnos a los que se pretende convertir mágicamente en expertos en contenidos que todavía no llegaron a desarrollar.
¡Una verdadera innovación pedagógica!
Porque aparentemente ahora la planificación es un detalle menor.
Primero se anuncia.
Después se improvisa.
Después se corrige.
Después se vuelve a corregir.
Si alguien todavía no entendió qué tiene que hacer, seguramente llegará una nueva circular.
La famosa planificación educativa versión Formosa: primero hacemos la actividad y después averiguamos para qué.
Pero la genialidad no termina ahí.
A alguien se le ocurrió que los chicos debían llevar celulares y computadoras.
Perfecto.
Solo faltó recordar un pequeño detalle: la conectividad escolar.
Esa misma que en algunas instituciones hace malabares para mantener conectados un par de equipos sin que la red decida jubilarse anticipadamente.
Pero no importa.
La orden ya está dada.
Que los docentes resuelvan.
Que los directivos se arreglen.
Que las escuelas inventen recursos.
Que los maestros hagan magia.
Porque en la educación formoseña parece haberse instalado una nueva metodología:
"Ustedes háganlo y después vemos cómo". Total lo más importante es la foto para las redes. Sin valorar el derecho de niños docentes y familia sobre su propia imagen.
Mientras los docentes cargan con la responsabilidad, aparecen las fotografías, las mismas que los políticos utilizan para rédito propio.
Porque una actividad educativa aparentemente no está completa hasta que alguien puede demostrar en las redes sociales que ocurrió.
Ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿El festival Jaby/Mela era para que aprendieran los chicos o para que quedaran lindas las fotos?
Porque los alumnos no son escenografía institucional.
Los docentes tampoco.
Las redes sociales no deberían convertirse en el álbum personal de ningún funcionario o autoridad educativa.
Si hay autorización para fotografiar y publicar, perfecto: que se explique y se cumpla.
Si no la hay, habrá que preguntarse por qué se utilizan imágenes de niños y docentes para mostrar los supuestos éxitos de una gestión.
La educación no necesita propaganda. Necesita planificación. Coherencia y no parches.
Lo curioso es que después se habla de capacidades, innovación, pensamiento crítico, resolución de problemas y nuevas pedagogías.
Muy lindo.
Pero antes de enseñarles a los chicos a resolver problemas matemáticos, sería interesante que quienes organizan las actividades pudieran resolver uno bastante elemental:
¿Cómo se organiza una actividad escolar sin avisarla diez días antes, sin informar claramente su propósito, sin garantizar recursos y haciendo que directivos y docentes se enteren de los cambios casi sobre la marcha?
La respuesta parece sencilla: no se organiza; se improvisa.
Entonces aparece la gran cuenta:
menos planificación + más improvisación + contraórdenes + mala conectividad + docentes corriendo + fotos para las redes = matemática oficial de la gestión. "Modelo Formoseño" elevado a la quinta menos cinco.
Eso sí: el resultado fotográfico seguramente será excelente.
La pregunta es si también lo será el resultado pedagógico.
Porque un festival puede tener muchas estaciones, muchas computadoras, cada uno trae su celular y muchas fotografías.
Pero si los docentes no saben para qué están ahí, los directivos se enteran a último momento y los alumnos realizan actividades que no forman parte de su proceso real de aprendizaje, entonces quizá no estemos frente a un festival de Matemática.
Quizás estemos frente a un festival de improvisación.
En esa materia, hay que reconocerlo: los funcionarios deberías regresar al primer grado, total, con el modelo formoseño no repiten nunca.
Viva Perón "carajo" y viva la maratón y los festivales.
Se viene el festival de las fotos de los funcionarios. Mira el pajarito.
Autor: Roberto Verdún