NI UNA MENOS
Femicidios: advierten que las señales de alarma aparecen mucho antes del crimen
En diálogo con "Hora 20" de FM Espacios 92.5, la licenciada en Psicología y Especialista en Neurociencias Sol Rivera analizó el impacto social de los femicidios, cuestionó la falta de respuestas efectivas del Estado para proteger a las víctimas y llamó a la comunidad a reconocer las señales de alerta que suelen preceder a los hechos más extremos de violencia de género.
Rivera sostuvo que los femicidios no pueden analizarse únicamente desde hechos aislados, sino que forman parte de una problemática social compleja que involucra factores culturales, psicológicos e institucionales. En ese sentido, recalcó que muchos agresores presentan características asociadas a personalidades con escasa empatía, ausencia de culpa y una tendencia a ejercer control y sufrimiento sobre otras personas.
“Estamos frente a hechos que se repiten. En muchos casos hubo denuncias previas, medidas judiciales e incluso condenas, pero aun así los agresores vuelven a reincidir”, señaló la profesional, al tiempo que consideró necesario replantear la efectividad de las herramientas de protección existentes.
La especialista también puso el foco en la situación que atraviesan las víctimas. Explicó que la violencia suele instalarse de manera progresiva, deteriorando la autoestima y la autonomía de las mujeres hasta generar vínculos de dependencia emocional muy difíciles de romper.
“Muchas sienten que no pueden salir de esa relación, que no tienen recursos para hacerlo o que les da miedo intentarlo”, indicó.
Según Rivera, uno de los errores más frecuentes es juzgar a las víctimas cuando vuelven con sus agresores o retiran denuncias. Apuntó que esas conductas forman parte del denominado ciclo de violencia y que, lejos de abandonar a la persona afectada, es necesario fortalecer las redes de acompañamiento. “Cuando dejamos de escuchar o de acompañar, esas mujeres quedan cada vez más solas y con menos posibilidades de pedir ayuda”, advirtió.
Otro aspecto que destacó fue el peso emocional de la vergüenza y la culpa. La profesional remarcó que muchas víctimas terminan responsabilizándose por la violencia que sufren y sienten temor al juicio social. “La vergüenza por contar lo que pasa y la culpa por creer que son responsables generan un enorme obstáculo para pedir ayuda”, manifestó.
Asimismo, Rivera reflexionó sobre la importancia de los límites y la construcción de vínculos saludables dentro de las familias. Señaló que el problema no pasa únicamente por establecer normas, sino por la manera en que se construyen las relaciones entre padres e hijos. “Los límites necesitan estar acompañados por presencia, escucha y disponibilidad emocional. Cuando no existe vínculo, cualquier límite termina siendo rechazado”, afirmó.
Finalmente, la especialista llamó a la sociedad a involucrarse activamente en la prevención de la violencia y a no minimizar las señales de alarma que aparecen mucho antes de un femicidio. Control excesivo, aislamiento, manipulación emocional, amenazas o agresiones psicológicas son algunas de las conductas que deben ser observadas y abordadas a tiempo. “Necesitamos redes de contención más fuertes, instituciones que funcionen y una sociedad que comprenda que estos hechos no son problemas ajenos. Nadie está afuera de esta realidad”, concluyó.