MALARIA EN LOS BOLSILLOS
Danza con lobos
Entre la presentación del jefe de Gabinete en el Congreso, el acto de la CGT y la insistencia del Hermano en desatar su furia contra “el 95 por ciento” del periodismo, la semana publicada transcurrió sin pena ni gloria. Podría señalarse, como provocación, que la economía no figuró.
En ese orden, “lo de Adorni” fue todo lo previsible que era menester en su carácter de comedia.
Le escribieron un guión del que el farabute no se salió en párrafo alguno. Leyó, inclusive, que descarta su renuncia. Difícil encontrar antecedentes de alguien que para decir eso necesita leer, porque es como requerir de un texto a fines de expresar que el oso ama a la osa.
Eso brinda una imagen perfecta de la pequeñísima estatura del personaje en cuestión pero, también, de la futilidad de estos mecanismos de interpelación.
Va el funcionario a la Cámara. Lee -horrible, monocorde, sin rasgos de emoción alguna- lo que le dictaron. Se abre la instancia de preguntas. Pasan a cuarto intermedio. Abogados o directamente la IA le escriben o remarcan respuestas, en media hora de interruptus. Vuelve al recinto. Declama en modo robótico y a otra cosa.
La oposición, mientras Los Hermanos conducían a los barrabravas desde el palco enfocado, acordó no hacer escándalo para impedir que el autómata fugara al ardid de retirarse ofendido.
Lo mejor estuvo a cargo de Sergio Palazzo. Le pidió a Martín Menem que los therians que se autoperciben leones dejaran de interrumpirlo.
El Presidente entró y salió de allí con ese paso del que no se distingue con precisión si es obra del chaleco antibalas o de algún factor escatológico, al grito de “chorros” y “corruptos” contra los cronistas que cubrían el episodio.
Después siguió la manifestación cegetista que logró el piso de una concurrencia aceptable, como para llenar Plaza de Mayo y “advertir” que la paciencia se acabó. Y que no van a entregar los derechos de los trabajadores.
Formalmente, no está mal. Por lo menos, dieron el presente. Asimismo, esa dirigencia reveló, o confirmó, que es presa de una ausencia de comando prácticamente absoluta desde el peronismo. Volvió a no entenderse, digamos, qué y a quiénes representan. No todos, por supuesto.
El viernes, de hecho, hubo una convocatoria del Frente Sindical Unidad (FreSU), que agrupa a unas 60 organizaciones sindicales diferenciadas de la conducción cegetista. 1500 delegados, sin ninguna repercusión mediática. Mantienen estado de alerta y unidad.
Se añade la defensa extendida de la Universidad pública, preparada para una marcha de enorme magnitud el 12 de este mes.
Es probable que esa movida repita el impacto de la manifestación de hace dos años, cuando el Gobierno se llevó una de las sorpresas más grandes en lo que va de su gestión. Aún así, sigue desentendiéndose del asunto aparentemente sin problemas. El ingreso salarial e informal de los profesores universitarios es el peor desde hace más de dos décadas.
Diagnósticos ratificados, en consecuencia, con el sempiterno detalle de que esa eventual combustión carece de quien/quienes la articulen.
En su artículo breve y ajustadísimo de este viernes, publicado en Página/12, Alfredo Serrano Mancilla habla del modo en que “El Plan P avanza en Argentina”.
La base es que, tras la “peruanización” de nuestra economía, ahora asistimos al intento de peruanizar la vida democrática, mediante una oferta electoral tan amplia como desconcertante. Una oferta aún tentativa, agregamos, pero que muestra indicios turbadores.
Tras citar lo ocurrido en la primera vuelta de las recientes elecciones presidenciales peruanas, con 35 candidatos de los cuales 21 no alcanzaron el 1 por ciento y una “ganadora” (Keiko Fujimori) que apenas llegó a un porcentual de 17, el economista y académico bien apunta que estamos ante una paradoja democrática.
A más oferta, menos calidad de la democracia. A más cantidad de candidatos, menos conocimiento por parte de la ciudadanía acerca de quién es quién.
Entonces, como define el autor, se siembra el máximo “caos” posible para que el vencedor de las elecciones se explique, cada vez más, como fruto de una carambola.
“La agenda pública se centra en enunciar (ese) máximo de posibles candidatos”, con un formidable parecido en cuanto al modelo de país que defienden. En tan generosa convocatoria se admite de todo. “Banqueros, telepredicadores, casta, ex Presidentes, ex ministros de Economía, gobernadores y, así, hasta un largo y surrealista etcétera”.
El desafío del cierre es que, si a la continua crisis económica y de representatividad partidaria le cargamos este “caos funcional”, subirán las acciones del candidato más outsider y más distópico. “Y luego vienen las desastrosas y conocidas consecuencias”.
Este último tramo de lo que plantea Serrano Mancilla es motivo de polémica en el mundillo politizado.
Hay quienes esbozan que, al cabo de Milei, puede haber espacio para un nuevo disruptivo de signo similar. Otros, desde el Círculo Rojo hasta una presunta y gran proporción de opiniones encuestadas en todo el país, creen que eso se extinguió. Que el próximo turno ejecutivo, indefectiblemente, deberá estar en manos de alguien “normal”.
Tales variantes parecen contradictorias. Sin embargo, coinciden en que un futuro mandatario, quien fuere, obedecerá a la mantención del modelo en sus aspectos esenciales.
Esto sería: ni un loquito ni un retorno a prácticas “populistas”. Ni un niño encerrado en cuerpo de adulto, como define el colega Juan Luis González (autor de “El Loco”, precisamente), ni algún aventurero que arriesgue volver a la inflación desbocada o al desequilibrio fiscal (como si el equilibrio actual no fuese un dibujo contable, ya que estamos).
En términos argentinos, falta una eternidad para las elecciones. Las grandes mayorías, cabe presumir según datos de la consultora que se quiera y de acuerdo con las sensaciones callejeras, no tienen la menor inquietud sobre este tema.
¿Por qué habrían de tenerla, en medio de una malaria que reclama concentrarse únicamente en el día a día?
Interrogante subrayado. ¿Desde cuál postura de superioridad moral o analítica se justifica indignarse o exigirle al pueblo verdaderamente sufriente que tome “conciencia de clase”, “capacidad combativa” u otros eslóganes marcados desde el dedo acusatorio?
Indicado eso, es correcto prevenir sobre el montaje de un escenario donde “la derecha”, genéricamente entendida, acelera sin prisa y sin pausa con globos de ensayo que, en efecto, abarcan ¿múltiples? direcciones. Desde la insólita promoción del manosanta californiano hasta la reintroducción de Mauricio Macri, pasando por las vías del peronismo “moderado” en búsqueda de un amplísimo frente antimileísta del que no importaría si es meramente un rejunte.
Sólo interesaría (empezar a) calcular que Los Hermanos no dan para más, respecto de sus propiedades de conducción político-institucional y unido a que sus internas crecen en salvajismo. O precisamente por eso.
Quizás sería más potable no apurarse tanto, porque es la economía lo que estipula el humor social. El Gobierno está plagado de amenazas autoinfligidas y de otras que no controla, como el destino electoral de Trump. Pero no carece por completo de ciertas armas. Y aprovechamientos. El ingreso de dólares por la cosecha récord, sin ir más lejos.
Ese terreno, aunque reste demasiado hasta las elecciones, compele a que el peronismo/kirchnerismo/progresismo -acéptese tamaña generalización, para entendernos- arregle sus cuitas con una resolución hasta ahora inexistente.
Si el núcleo de acuerdos o desacuerdos probables continúa discurriendo en forma exclusiva por la mención a la libertad de Cristina, claro que sometida a una injusticia repugnante; y si hasta tanto lo único resaltable son las chicanas personales, mal podría pensarse en que el desenlace no sea la ruptura entre “axelistas” y “cristinistas” para solaz y esparcimiento de quienes, enfrente, promueven el festín.
¿No va siendo hora de que convengan una votación interna, con o sin PASO, para que llegue el sanseacabó?
También es veraz que los melones se acomodan durante la carrera y que, con la historia electoral corroborada, “todo” concluye en especificarse durante los tramos finales.
Milei se consolidó como candidato apenas unos pocos meses antes de ganar. Y Cristina sacó de la galera a Alberto Fernández, como única o preferente chance de victoria electoral, con una anticipación igual de corta.
Eso no significa(ría) que deba volver a esperarse hasta último momento para ir estructurando un programa básico de coincidencias, en torno a una figura en condiciones de liderarlo.
No seamos cínicos. Algunos de esos pactos tendrán que ser explicados con claridad previa. Y a otros convendrá resguardarlos, porque podrán o podrían implementarse, sólo, una vez alcanzado el poder. O el gobierno.
Nadie aviva giles, ni adversarios, ni enemigos. Lo demás es seguir confundiendo política con poesía.
Fuente: Página 12